Una asignatura imprescindible: la empatía

“A los mayores les gustan las cifras. Cuando se les habla de un nuevo amigo, jamás preguntan sobre lo esencial del mismo. Nunca se les ocurre preguntar: ‘¿Qué tono tiene su voz? ¿Qué juegos prefiere? ¿Le gusta coleccionar mariposas?’ Pero en cambio preguntan: ‘¿Qué edad tiene? ¿Cuántos hermanos? ¿Cuánto pesa? ¿Cuánto gana su padre?’ Solamente con estos detalles creen conocerle.” El Principito . Antoine de Saint-Exupéry

¿Qué es lo aporta la Educación? Algunas personas pueden entender que la educación es necesaria para aprender conocimientos que sirvan a los futuros adultos a ganarse la vida, otras creerán que es la vía para tener éxito en la vida y otros pueden ver, en cambio, que el sistema educativo limita el potencial de los niños.

Si preguntamos a estas mismas personas por su experiencia en el colegio, seguramente nos hablarán de cómo se sintieron en esta etapa y menos sobre la utilidad o no de la educación y lo qué aprendieron.

Los recuerdos que solemos guardar de la infancia tienen mucho que ver con cómo nos sentíamos con nuestros compañeros (aceptados o rechazados, reconocidos o ignorados), las relaciones que se generaron en esa época y cómo los profesores alimentaban nuestro interés por aprender, reforzaban nuestra autoestima, estimulaban nuestro pensamiento, nos hacían sentir parte del grupo, etc. o no hacían nada de esto.

Los recuerdos que  tenemos sobre las materias que aprendimos están relacionados, en gran medida, por la educación emocional recibida en el aula. Si el profesor no nos gustaba, lo más seguro es que pensemos ahora en las carencias de esa persona en vez de en la materia. Si, por el contrario, nos fascinaba o generaba impacto en nosotros, nos vendrá a la cabeza todo en lo que nos ayudó y lo que aprendimos gracias a él/ella.

En general, nos vinculamos con las personas y con los conocimientos según nos hagan sentir. La empatía es el medio natural que tenemos para conectar con los otros e influir en sus vidas. 

Según el neurocientífico Marco Iacoboni, la forma que tenemos de aprender a través de las neuronas espejo muestra que somos una civilización empática. La amígdala y sus conexiones en el área visual del córtex constituyen el asiento cerebral de la empatía. 

Para el psicólogo Paul Ekman existen tres clases de empatía:

  • Empatía cognitiva: Es la capacidad para identificar y comprender las emociones de otras personas. 
  • Empatía afectiva:  Es la capacidad de sentir lo que la otra persona está sintiendo.
  • Compasión: Además de poder reconocer las emociones de los demás y sentirlas en nuestro cuerpo, trazamos acciones para ayudar a los otros. 

Normalmente, las personas comprendemos de una manera intelectual las emociones de los que nos rodean, pero no llegamos a conectar con su mundo interior.

En la educación, la sintonía emocional que consiga un profesor con sus alumnos puede llegar a transformar de una manera mágica sus vidas y dar una dirección hacia la que mirar el futuro.

Sin embargo, no es fácil conectar con todos los alumnos ni conseguir despertar esta llama en aquellos que pueden tener una personalidad que choca con la nuestra. Para poder estar por encima de “las personalidades”, es necesario ir más allá de nuestras impresiones y conocer cómo es realmente cada alumno, cuál es su temperamento, su historia familiar, qué le gusta y qué no…

En la relación que queramos establecer con nuestros alumnos, además debemos tener en cuenta que es necesario adentrarnos antes de nada en nuestro propio mundo y conocer nuestras emociones, pensamientos y modos de actuar de tal manera que quiénes somos sirva como canal para ayudar a desarrollarse a otros, y no un impedimento. 

Es complicado que profesores poco conscientes de sí mismos sean capaces de crear un clima educativo positivo, ya que no controlarán sus emociones ni lo que transmiten a través de su comunicación no verbal. 

También es difícil que los docentes puedan gestionar la sintonía emocional de manera individual y colectiva si no cuentan con herramientas y una mentorización sobre sus competencias emocionales. 

En todo caso, ¿no estamos obligados a actualizar constantemente la versión de nosotros mismos si queremos educar? Para ello sería estupendo que la empatía fuera una asignatura obligatoria y los profesores sintieran que sus alumnos aprenden más según su implicación crece con ellos.

En estas fechas en las que nos sentimos más próximos a nuestros semejantes, puede ser un buen momento para adentrarnos en este tema y probar a conectar con los demás de una manera auténtica y afectiva.

Os proponemos 5 retos para empezar a trabajar la empatía:

  • No critiques: Evita manifestar cualquier tipo de crítica. La crítica alimenta la crítica y nos acabamos convirtiendo en máquinas destructivas enfocadas en detectar las carencias de los demás. Las cenas de Navidad son todo un desafío para poner en práctica este primer punto.
  • Haz preguntas antes de emitir cualquier juicio de valor. Las preguntas ayudan a evitar malos entendidos, aclarar dudas y entender a los demás.
  • Investiga sobre la vida de algún alumno que te esté resultando difícil por su comportamiento en clase, características personales, etc. El conocimiento neutraliza las emociones negativas.
  • Sal de tu cabeza y empieza a mirar tu entorno. A veces estamos tan enfocados en lo que nos sucede que dejamos de atender a las personas de nuestro alrededor.
  • Implícate en algún proyecto en tu escuela que ayude a disminuir las desigualdades educativas. Cuando ayudamos a otros, desarrollamos cualidades sociales vinculadas con el último nivel más profundo de la empatía.

¿Te animarías a cumplir al menos uno de estos retos? ¡Pueden ser buenos propósitos para estas navidades y año nuevo! 

 

Noelia Estévez, psicóloga 

@nstvz  | @CambiarEducando

Fuentes:

Goleman, D. (1995). Inteligencia Emocional. Editorial Kairós.

Goleman, D. (2006). Inteligencia Social. Editorial Kairós.

Ekman, P. (2012). El rostro de las emociones. RBA Libros.

Imagen: Getty Images

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