10 claves neuroeducativas

Artículo publicado en Inevery Crea

La frase de Charles Dickens “El hombre es un animal de costumbres” tiene su representación en la llamada zona de confort. Este concepto indica la preferencia de las personas por lo estable y las dificultades emocionales que existen, en un primer momento, para salir de lo conocido.

En esta zona nos sentimos cómodos, seguros, porque dominamos el entorno y tenemos la idea ilusoria de ser zona de confortcapaces de anticipar sucesos futuros. Solemos permanecer en este espacio para evitar el miedo a la incertidumbre.

El terreno de lo conocido nos proporciona una calma que choca con la necesidad innata de aprender y explorar a través de la novedad que hay en el ser humano.

Las investigaciones en el campo de la neurociencia dan una explicación a esta aparente incongruencia y nos permiten responder a dos cuestiones fundamentales: ¿Cómo se puede aprender mejor? ¿Cómo se puede cambiar?

Los neurocientíficos explican el aprendizaje como un proceso que tiene lugar cuando activamos a la vez, y repetidas veces, distintas redes neuronales relacionadas con conceptos similares. 

Cuando activamos de manera constante ciertas conexiones neuronales, las neuronas individuales del cerebro liberan una sustancia química para fijar las conexiones. Para liberar esta sustancia, llamada “factor de crecimiento neuronal”, tenemos que repetir una serie de asociaciones y experimentar nuevas vivencias.

La Ley de la Repetición crea conexiones más fuertes y duraderas para posibilitar una mayor y rápida comunicación entre las neuronas. Las experiencias nuevas, por otra parte, son la otra vía que emplea el cerebro para aprender.cerebro Cuánto más novedosa e intensa sea una experiencia, más posibilidades tendrá de ser recordada a largo plazo.

Todo recuerdo incluye un sentimiento que es el sello químico que registra una experiencia pasada. Como nuestros recuerdos están vinculados a emociones, tendemos a analizar las experiencias según nos hemos sentido.

Una vez que el cerebro ha registrado las rutas permanentes de un pensamiento o de una experiencia, sólo hace falta un estímulo similar en el entorno o un recuerdo para activar los circuitos.

Cuando procesamos los mismos pensamientos todos los días, provocamos que las conexiones neuronales se hagan más gruesas y la información se procesa como si fuera en un circuito cerrado: de manera rápida e inconsciente.  Comenzamos a pensar de manera automática.

Este patrón en el que caemos, sin darnos cuenta, puede llevarnos a vivir la mayor parte de nuestra vida adulta en la zona de seguridad (si no cambiamos nuestro modo de pensar). El cerebro, como gran ahorrador de energía que es, puede limitar sus recursos y trabajar desde parámetros conocidos. Para las experiencias cotidianas que necesitamos realizar en nuestro día a día (comer, atarnos los zapatos, etc.) este modo de funcionamiento es el correcto. Sin embargo, el aprendizaje se deja de producir ya que no hay experiencias nuevas. La falta de aprendizaje empobrece el cerebro, le hace más rígido y dificulta que pueda adaptarse a experiencias nuevas, lo que genera un bucle que nos lleva a acomodarnos aún más en la zona de confort.

El desarrollo óptimo en los niños (y la prevención de una rigidez neuronal futura) requiere que se muevan en las 4 zonas que figuran en la primera imagen compartida. 

Los educadores deben facilitar que sus alumnos adquieran una serie de hábitos y conocimientos a través de la repetición, y estimular el aprendizaje con actividades enriquecedoras 

La perspectiva clásica y lineal del conocimiento, debe dar paso a un paradigma basado en los principios que rigen el cerebro. La neuroeducación se encarga de poner al servicio de los educadores el conocimiento que necesitan para poner en marcha estrategias que favorezcan el desarrollo del cerebro en todo su potencial y la prevención de problemas asociados a una pedagogía que no aplica el conocimiento de la ciencia en la práctica diaria.

El docente debe tener presente en su trabajo estas 10 claves neuroeducativas:

infografía neuroeducación

  1. El cerebro en evolución: La evolución de la humanidad se encuentra en nuestro cerebro. Si revisamos la historia, desde los descubrimientos que ha hecho el hombre, podremos comprobar cuál es su estadio de desarrollo cerebral. En la actualidad, la tecnología ha abierto una nueva puerta a la educación, pero es responsabilidad del docente conocer los principios neuroeducativos e incorporar en sus actividades los hitos que han marcado el desarrollo cerebral: los sentidos, las emociones y el conocimiento. 
  2. El cerebro tiene dos hemisferios y tres tramos cerebrales: El cerebro cuenta con dos hemisferios desde el que procesa la información nueva (hemisferio derecho) y la información ya aprendida (hemisferio izquierdo). La repetición hace que la información nueva se almacene. Si hay un exceso de rutina y no se proporciona información nueva, el hemisferio izquierdo tiende a hacerse rígido. Por otro lado, el cerebro consta de 3 segmentos (reptil, límbico y neocortical) con funciones distintas. Como hemos comentado antes, el educador debe introducir en sus actividades aspectos de cada segmento y posibilitar que el niño experimente nuevas experiencias.
  3. 6 claves para cuidar y desarrollar al máximo nuestro cerebro: La educación debe proporcionar un desarrollo total donde el ejercicio físico, la neuronutrición, la educación emocional y la socialización estén presentes de una manera coherente. El cerebro requiere un cuidado sistémico.
  4. El cerebro es flexible: El cerebro es capaz de modelarse y aprender a través de la actividad que la persona realiza. Hay diversos estudios que muestran que la experiencia profesional provoca cambios estructurales en el cerebro. Por ejemplo, la Universidad de Londres realizó un estudio con taxistas cuyas conclusiones les llevó a afirmar que el hipocampo de estos profesionales se “rejuvenecía” con el paso del tiempo haciendo que aumentara su capacidad de memoria espacial año tras año. El aprendizaje que realiza una persona durante su vida va a depender un 10% de sus genes y un 90% de las experiencias y conocimientos que adquiera durante su vida.
  5. Se aprende a través de los sentidos: El bebé cuando nace tiene casi todos sus sentidos completamente desarrollados. Aprende exponencialmente a través de conductas exploratorias sensoriales que conectan con las estructuras límbicas y cognitivas enviando una retroalimentación continua. La sociedad actual limita ciertas condiciones que necesita el cerebro para aprender, pero podemos encontrar opciones para que los niños exploren fuera del aula, en la naturaleza, y aprendan a conectar lo que experimentan sensorialmente con los conocimientos que el docente quiere transmitir.
  6. La novedad es el catalizador del aprendizaje.  
  7. Las emociones intervienen en procesos cognitivos superiores. El cerebro límbico recibe las señales de los sentidos y procesa la información enviándola a los centros superiores del neocórtex. La memoria, la motivación, la toma de decisiones, etc. se ven influenciados por las emociones. Por otro lado, las emociones se comunican de una manera no verbal lo que provoca que se contagien rápidamente. El docente debe regular las emociones que se producen en el aula y favorecer con su actitud las emociones positivas.
  8. La repetición de asociaciones son fundamentales en los primeros años de vida.  En los primeros 3 años de vida, un niño tendrá ya desarrollado el 90% de su cerebro por lo que es vital proporcionar las condiciones adecuadas para satisfacer sus necesidades de aprendizaje.
  9. El juego es la vía natural de aprendizaje del cerebro en los niños. El juego permite que el niño desarrolle sus habilidades de una manera integral y natural. Las dimensiones física, emocional, cognitiva y social aparecen de manera simultánea en los juegos; así como la motivación ya que en todo juego hay recompensas intrínsecas que aceleran el aprendizaje.
  10. La curiosidad mantiene la motivación por aprender. La cita de Einstein, “No tengo ningún talento especial. Solamente soy apasionadamente curioso”, nos sirve para mostrar que el aprendizaje y talento es cuestión de curiosidad. No todos los niños se muestran igual de curiosos ante las cosas, pero sí podemos fomentar su espíritu exploratorio con aspectos vistos anteriormente.

 

Noelia Estévez, psicóloga especialista en desarrollo

@nstvz / @CambiarEducando

 

Referencias bibliográficas:

BILBAO, A. (2013). Cuida tu cerebro. Plataforma Editorial.

BILBAO, A. (2015). El cerebro del niño explicado a los padres. Plataforma Editorial.

DAMASIO, A. (2003). En busca de Spinoza. Critica.

DISPENZA, J. (2007). Desarrolla tu cerebro. Palmyra.

GOLEMAN, D. (1995). Inteligencia Emocional. Editorial Kairós.

MORA, F. (2013). Neuroeducación. Alianza Editorial.

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